Las fronteras son motivo de desacuerdo, desequilibrio y lucha desde hace miles de años, pero también pueden ser testigos de las más hermosas mezclas y encuentros. Terrenos fértiles para lo peor y lo mejor del ser humano.
La percepción colectiva de las fronteras, fluctúa según lo hacen los ciclos sociopolíticos y, actualmente, nos encontramos en una fase en la que hay grandes tendencias internacionales que rechazan violentamente a cualquiera que provenga del otro lado de sus fronteras. Un rechazo -y una violencia- que tiene consecuencias catastróficas a todos los niveles sociales.
Este proyecto hace una reflexión sobre el valor simbólico del territorio y los límites impuestos sobre él, con el papel de las fronteras como agente, supuestamente, vertebrador de esos territorios y como detonantes de algunos de los mayores conflictos y desequilibrios de la historia.
Quizás, también deberíamos ampliar el foco sobre las conexiones que inevitablemente se generan entre distintos territorios. Conexiones como hilos que cosen las heridas que pueden abrir las fronteras, tanto en el territorio como en las vidas.
Por ello, este proyecto reivindica que las fronteras pueden -y deben- ser revisadas y resignificadas, pueden ser abiertas y traspasadas una y mil veces.
Y continuando con esta idea de cruzar fronteras y conectar territorios, entrelazo dos técnicas y dos materiales tan aparentemente contrarios como son la piedra y el hilo. La piedra como material que solemos considerar resistente y casi impenetrable, pero que en este caso es extremadamente frágil al tratarse de alabastro. Y el hilo que, considerado frágil y delicado, es en realidad el que sostiene y conecta la piedra, el que demuestra la fortaleza.







