LA EDAD DORADA

El término “Edad Dorada” remite no solo a una apariencia de prosperidad que enmascara una fractura estructural profunda, sino también a la fragmentación psíquica que experimenta el sujeto contemporáneo ante la presión del deseo ornamental y los mecanismos de disciplina.
Los materiales que escojo, me sirven para construir un lenguaje que simula el proceso de deformación psico-corporal del individuo, que está sometido a la proliferación del deseo, los mecanismos de disciplina y la reconfiguración desde la plasticidad.
Para el desarrollo de esta idea, lo he proyectado en dos series, llamadas Formación y Recomposición.
Tampoco es casual la utilización de números para denominar las piezas, pues corresponde al concepto de borrar los rasgos individuales y subrayar una lógica de codificación institucional. En este marco, el “sujeto” deja de ser “quién” para convertirse en “cuál” o “cuánto”, como un gesto crítico ante la homogeneización de la identidad bajo sistemas de control social.
Serie Formación
Esta serie investiga, a través de metáforas materiales, cómo el sujeto contemporáneo es moldeado por los mecanismos de disciplina social. Mediante la técnica del electroformado, elementos orgánicos como las ramas y las gomas elásticas quedan recubiertos por una capa metálica homogénea, fijando su forma y anulando sus cualidades originales. La mariposa, símbolo de libertad, aparece aquí convertida en un “ejemplar de belleza disciplinada”.
El brillo “dorado” alude a una estética idealizada, bajo la cual se esconde la tensión psicológica del sujeto ante la presión por mantener una visibilidad socialmente aceptada.
Serie Recomposición
Con esta otra serie marco un giro importante en lo emocional y lo material, en contraste con la serie anterior, dominada por carcasas metálicas que remiten al control, Recomposición adopta como medio principal la silicona coloreada, suave y flexible, para explorar la posibilidad de reconstrucción del sujeto desde su fragilidad.
Mediante combinaciones de colores saturados, materiales semitransparentes y estructuras tensas, cada pieza encarna una “alegría visual” que esconde una inestabilidad emocional. El proceso valora la intuición y deja espacio para lo imperfecto y lo inacabado como partes legítimas del lenguaje expresivo.

El término “Edad Dorada” remite no solo a una apariencia de prosperidad que enmascara una fractura estructural profunda, sino también a la fragmentación psíquica que experimenta el sujeto contemporáneo ante la presión del deseo ornamental y los mecanismos de disciplina.
Los materiales que escojo, me sirven para construir un lenguaje que simula el proceso de deformación psico-corporal del individuo, que está sometido a la proliferación del deseo, los mecanismos de disciplina y la reconfiguración desde la plasticidad.
Para el desarrollo de esta idea, lo he proyectado en dos series, llamadas Formación y Recomposición.
Tampoco es casual la utilización de números para denominar las piezas, pues corresponde al concepto de borrar los rasgos individuales y subrayar una lógica de codificación institucional. En este marco, el “sujeto” deja de ser “quién” para convertirse en “cuál” o “cuánto”, como un gesto crítico ante la homogeneización de la identidad bajo sistemas de control social.
Serie Formación
Esta serie investiga, a través de metáforas materiales, cómo el sujeto contemporáneo es moldeado por los mecanismos de disciplina social. Mediante la técnica del electroformado, elementos orgánicos como las ramas y las gomas elásticas quedan recubiertos por una capa metálica homogénea, fijando su forma y anulando sus cualidades originales. La mariposa, símbolo de libertad, aparece aquí convertida en un “ejemplar de belleza disciplinada”.
El brillo “dorado” alude a una estética idealizada, bajo la cual se esconde la tensión psicológica del sujeto ante la presión por mantener una visibilidad socialmente aceptada.
Serie Recomposición
Con esta otra serie marco un giro importante en lo emocional y lo material, en contraste con la serie anterior, dominada por carcasas metálicas que remiten al control, Recomposición adopta como medio principal la silicona coloreada, suave y flexible, para explorar la posibilidad de reconstrucción del sujeto desde su fragilidad.
Mediante combinaciones de colores saturados, materiales semitransparentes y estructuras tensas, cada pieza encarna una “alegría visual” que esconde una inestabilidad emocional. El proceso valora la intuición y deja espacio para lo imperfecto y lo inacabado como partes legítimas del lenguaje expresivo.
Lea Sun